La paradoja de la Unión Europea
Resulta fascinante y, a la vez, profundamente contradictorio: tras el Brexit, el inglés apenas es lengua oficial en Irlanda y Malta, pero sigue siendo el idioma indiscutible del poder en Bruselas. Llama la atención que líderes como Ursula von der Leyen se expresen habitualmente en la lengua de un país que ya no forma parte del club comunitario.
Es el triunfo del pragmatismo sobre la identidad, una inercia que recuerda a cómo el latín se impuso en las tierras conquistadas por el Imperio Romano, transformando las lenguas locales desde su raíz hasta convertirlas en algo nuevo.
Del «tío» al «bro»: Más que una simple moda
En España, esta colonización cultural es cada día más evidente. Hemos pasado de nuestras expresiones tradicionales a adoptar términos como «bro», importado directamente de las subculturas urbanas de Estados Unidos. Pero el cambio no es solo de vocabulario; lo que estamos presenciando es la alteración del «esqueleto» de nuestro idioma. El spanglish ya no es un fenómeno lejano de las fronteras mexicanas, sino una realidad cotidiana que deforma nuestra gramática y, por extensión, nuestra forma de procesar la realidad.
Cuatro ejemplos de la «colonización» mental
A menudo aceptamos como naturales ciertas construcciones que no son más que calcos semánticos del inglés, perdiendo la precisión de nuestro propio diccionario:
- «Hacer sentido»: Una traducción literal de to make sense. En español, las cosas no se fabrican, las cosas tienen sentido.
- «Asumir» por «suponer»: Por influencia directa de to assume, decimos «asumo que vendrás», cuando lo correcto es decir que lo suponemos o lo damos por sentado.
- «Literal»: Usado masivamente como muletilla (literally) para enfatizar, incluso cuando lo que se describe es una metáfora o una exageración imposible.
- «Aplicar» a un empleo: Del inglés to apply. En nuestra lengua, siempre nos hemos postulado o hemos solicitado un puesto de trabajo.
¿Hacia una lengua única mundial?
Nuestra vida digital y laboral ya está rendida: enviamos emails, hacemos spoilers y gestionamos el marketing para un target específico. Si analizamos la tendencia, parece que el castellano está derivando hacia una variante dialectal del inglés norteamericano, perdiendo su autonomía sintáctica.
Es solo cuestión de unas pocas generaciones para que el planeta hable una amalgama de adaptaciones locales del idioma del imperio. De esta invasión incruenta, que dicta no solo cómo hablamos sino cómo sentimos y pensamos, no parece librarse ni el milenario chino mandarín. Estamos ante un nuevo latín global, y el español, tal como lo conocemos, podría ser pronto una lengua en transición.
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