La visita guiada por el museo se desarrolló entre visigodos, musulmanes, mozárabes y mudéjares.
El grupo quedó temprano, a las 09.30 estábamos en la entrada del museo. Casi todos fuimos puntuales. Éramos 17 y hablábamos más de 10 idiomas diferentes.
El día prometía emociones y nosotros las esperábamos.
Nuestra guía experimentada comenzó fuerte. La historia de los reyes visigodos y sus esdrújulos nombres, Ataúlfo, Sigérico, Theudisclo, Suíntila… paremos ahí. Coronas, vasijas, monedas y espadas. Pendientes, aros, collares y candiles. Instrumentos, jarrones e inscripciones.

Una maravilla.
Pasamos por la derrota de aquellos y la victoria de estos a la época musulmana. Califato de Córdoba, con la mezquita más importante de su época, sus columnas, capiteles, artesonado y decoraciones.
Con sus motivos geométricos y sus letras coránicas. Su apabullante belleza. Su mayestático recogimiento. Nada que no se haya dicho ya. Por ello no menos necesario. 
Impresionante el mobiliario mudéjar, las sillas, los arcones y baúles, las puertas, las ventanas profusamente decoradas, los artesonados y los indescriptiblemente bellos techos, recuerdo de una época en donde las maravillas eran creadas por manos de artesanos con gubia y cincel y paciencia, mucha paciencia y por su puesto con artes, mucho arte, de ese tan singular que no crece en el metaverso de las IAs.
El grupo terminó la visita.
Había pasado en una abrir y cerrar de ojos. Salimos, obviamente por la salida, para volver a entrar. Vimos algo de Roma, algo de Egipto… No puedo decirte nada más.
Tienes que ir tú a verlo. Siento que la experiencia vicaria no funcione y que estas palabras sean pálido reflejo. Tienes que ir tu a verlo.

Una nueva experiencia para nuestro grupo de alumnos y de empleo en el marco de las actividades de la Oficina Municipal de Información y Orientación para la Integración de la Población Inmigrante Sureste.
Actividades para conocer nuestros recursos y para hacer grupo. Objetivo cumplido. Prometemos volver