Trabajar después de los 45 años en la España actual supone un reto estructural, pero también una ventana de oportunidades si se afronta con enfoque estratégico.

 

Según la Encuesta de Población Activa del INE, las personas mayores de 45 años representan ya cerca de la mitad de la población activa, una tendencia derivada del envejecimiento demográfico y de la baja natalidad (https://ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176918). Sin embargo, esta realidad convive con un problema persistente de edadismo: de acuerdo con el SEPE, casi el 60 % del paro registrado en España corresponde a este colectivo (SEPE – Informe Mayores de 45 años).

 

A pesar de ello, distintos estudios —como los de la Fundación Adecco— señalan que los profesionales séniores aportan mayor estabilidad, compromiso y experiencia, cualidades cada vez más valoradas en un mercado laboral marcado por la rotación y la escasez de talento (https://fundacionadecco.org/notas-de-prensa/casi-la-mitad-de-las-personas-que-tienen-trabajo-o-lo-buscan-en-espana-48-tiene-45-anos-o-mas/).

 

En Latinoamérica, la situación es distinta. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la CEPAL destacan que una parte importante de las personas mayores de 45 años siguen activas laboralmente, muchas veces en el sector informal, debido a sistemas de pensiones menos consolidados (OIT–CEPAL). Aunque la edad suele ser menos excluyente que en Europa, la precariedad laboral es mayor, lo que convierte el trabajo en edades avanzadas más en una necesidad que en una opción. Los datos regionales pueden consultarse en ILOSTAT, la base estadística oficial de la OIT (ILOSTAT Américas).

 

 

En Asia, especialmente en Japón y Corea del Sur, el envejecimiento poblacional ha impulsado políticas activas para prolongar la vida laboral. Según el World Economic Forum, estos países encabezan la participación laboral de personas mayores de 65 años, muy por encima de Europa (WEF). La OCDE subraya que la experiencia sénior es clave para sostener la productividad en sociedades envejecidas (OECD Employment Outlook 2025).

En cuanto a los nichos laborales más adecuados después de los 45 años, destacan aquellos donde la experiencia y las habilidades humanas marcan la diferencia: formación y mentoring, consultoría, jardinería y mantenimiento, logística, gestión administrativa, atención socio sanitaria, oficios técnicos, comercio de proximidad, economía verde y autoempleo. Sectores donde la edad no es un límite, sino un valor añadido.

 

El futuro del trabajo no pasa por excluir la edad, sino por integrarla inteligentemente en mercados laborales cada vez más diversos y globales.

 

 


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